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Manuel
Acuña

El gran poeta Manuel Acuña nació en Saltillo, Coahuila, el 24 de agosto de 1849. Sus primeros años de estudio los realizó en el colegio Josefino en su ciudad natal, después se traslado a la ciudad de México para estudiar en el colegio de San
Idelfonso e incorporarse más tarde al Colegio de Medicina, pero no duró mucho ahí porque su verdadera vocación era la poesía.
Con un grupo de amigos fundó la "Sociedad Literaria Nezahualcóyotl", que como su nombre lo indica sigue el fin nacionalista de Altamirano y su Liceo Hidalgo. Colaboró en periódicos y revistas como: El Renacimiento, El Libre Pensador, El Federalista, El Domingo, El Búcaro y El Eco de Ambos Mundos.
Su condición enfermiza, su carácter nervioso y la decepción amorosa con Rosario de la Peña, lo llevaron a suicidarse a los 24 años. El 10 de diciembre fue sepultado el cementerio del campo Florido; posteriormente sus restos fueron trasladados a la Rotonda de los Hombres Ilustres, y en octubre de 1917 conducidos definitivamente a su ciudad natal.
Acuña se desenvolvió entre la generación de reformistas-liberales y la generación que se agrupó en torno al magisterio de Altamirano. Como buen romántico se caracterizó por el predominio del sentimiento sobre la razón en poemas como : Resignación y Nocturno; cantó al amor con un tono amargo, melancólico y doloroso. Pero tan bien llevó hasta sus últimas consecuencias los preceptos positivistas, dudando de la existencia de Dios y del alma, el origen y el destino del hombre, condena el fanatismo, exalta el progreso y las luces de la razón viendo a la ciencia como suprema guía universal; en obras: La ramera y su drama El pasado aplica todo esto denunciando los crímenes de la sociedad cristiana.
Como muere muy joven, dejó incompleta su obra, sin llegar a madurar; aún así, en el último año de su vida dominó un humor escolar o literario y la sátira antirromántica; mostrando un cambio radical en la percepción estética.
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