II Ahora es Cuba

Y luego fue la sangre y la ceniza. 
Después quedaron las palmeras solas. 

Cuba, mi amor, te amarraron al potro, 
te cortaron la cara, 
te apartaron las piernas de oro pálido, 
te rompieron el sexo de granada, 
te atravesaron con cuchillos, 
te dividieron, te quemaron. 

Por los valles de la dulzura 
bajaron los extermiandores, 
y en los altos mogotes la cimera 
de tus hijos se perdió en la niebla, 
pero allí fueron alcanzados 
uno a uno sin morir, 
despedazados en el tormento 
sin su tierra tibia de flores 
que huía bajo sus plantas. 

Cuba, mi amor, que escalofrío 
te sacudió de espuma a espuma, 
hasta que te hiciste puerza, 
soledad, silencio, espesura, 
y los huesitos de tus hijos 
se disputaron los cangrejos.