Poema No. 10

 

Vida dejada al azar de las cosas,
visiones mezcladas de luces y sombras
que cada vez que mi boca te nombra
se esparce en el aire la rima quejosa.

Noches de hastío, de sueños perdidos,
playas de mares que mojan arenas
y borran dibujos que son signos de pena
y en el muelle lejano buscan abrigo.

Días de gloria, efímera ella,
recuerdos preciados de instantes hermosos
que vuelven a irse, tal vez caprichosos,
en un solo suspiro que libera y apresa.

Grandes estatuas de piel marmolada
se erigen erectas en un campo lejano
y recuerdan que hubo glorioso pasado
que teniéndolo todo, se ha quedado sin nada.

Estrellas fugaces, recónditos destellos
estrechos los mantos de tristeza y olvido
aun en su último viaje, llevan consigo
el hálito vivo que floreció tan bello.

Mesa servida de manjares sabrosos,
que alimentan la dicha, de estar en encuentro
y servir los platillos que nacen adentro
y dejar como hambrientos los gritos quejosos.

Amargas raíces de frutos muy dulces
semillas brotadas de estériles tierras
pensar que es tan cruda la trágica guerra
como brillante la paz y sus cálidas luces...