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Entradas Etiquetadas ‘XVII’

Adolfo Becquer

Domingo, 9 de mayo de 2010 AdminGeneral Sin comentarios

X L I V

Como en un libro abierto
leo de tus pupilas en el fondo;
¿ a qué fingir el labio
risas que se desmienten en los ojos ?
¡Llora! No te avergüences
de confesar que me quisiste un poco.
¡Llora! Nadie nos mira.
Ya ves: yo soy un hombre… ¡y también lloro!

X V I I

Hoy la tierra y los cielos me sonríen;
hoy llega al fondo de mi alma el sol;
hoy la he visto…, la he visto y me ha mirado…
Hoy creo en Dios!

X L I

Tú eras el huracán, yo la alta
torre que desafía su poder:
¡tenías que estrellarte o que abatirme!…
¡No pudo ser!

Tú eras el Océano y yo la enhiesta
roca que firme aguarda su vaivén:
¡tenías que romperte o que arrancarme!…
¡No pudo ser!

Hermosa tú, yo altivo; acostumbrados
una a arrollar, el otro a no ceder;
la senda estrecha, inevitable el choque…
¡No pudo ser!

X X I

¡Qué es poesía?- dices mientras clavas
en mi pupila en tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.

L I I

Olas gigantes que os rompéis bramando
en las playas desiertas y remotas,
envuelto entre las sábanas de espumas,
¡llevadme con vosotras!
Ráfagas de huracán, que arrebatáis
del alto bosque las marchitas hojas,
arrastrado en el ciego torbellino,
¡llevadme con vosotras!
Nubes de tempestad que rompe el rayo
y en fuego ornáis las desprendidas orlas,
arrebatado entre niebla oscura,
¡llevadme con vosotras!
Llevadme, por piedad, adonde el vértigo
con la razón me arranque la memoria…
¡Por piedad!… ¡Tengo miedo de quedarme
con mi dolor a solas!

A Casta

Tu aliento es el aliento de las flores;
tu voz es de los cisnes la armonía;
es tu mirada el esplendor del día,
y el color de la rosa es tu color.
Tu prestas nueva vida y esperanza
a un corazón para el amor ya muerto;
tú creces de mi vida en el desierto
como crece en un páramo la flor.

La Gota de Rocío

La gota de rocío que en el cáliz
duerme de la blanquísima azucena,
es el palacio de cristal donde
vive el genio feliz de la pureza.
El le da su misterio y poesía;
él, su aroma balsámico le presta.
¡Hay de la flor, si de la luz al beso
se evapora esa perla!

Es un sueño la vida.

Es un sueño la vida.
Pero un sueño febril que dura un punto;
cuando de él se despierta,
se ve que todo es vanidad y humo…
¡Ojalá es un sueño
muy largo y muy profundo;
un sueño que durará hasta la muerte…!
Yo soñaría con mi amor y el tuyo.
¡ Las dos !
( juguete romántico )

Silenciosa está la noche,
apenas suspira el viento,
solo algún perdido acento
turba su calma y quietud.

Serena por es espacio,
callada la luna sube,
platea la blanca nube
su tibio rayo de luz.

Sorda y con lento compás,
en una iglesia lejana
suena una triste campana
y da una hora: las dos.

¡ Las dos ! hora misteriosa
de fantasmas y hechiceras,
de espectros y de quimeras
que nos inspiran terror;

en que el sepulcro abandonan,
por las magas evocados
y en un velo rebozados
los que dejaron de ser.

Hora que si en el hogar,
cuando narra una conseja,
le escucha crédula vieja,
se la ve palidecer.

En la que gime en las torres
el cárabo lastimero
y ensaya el búho agorero
su fatídico graznar.

El gallo canta, y susurra
melancólica la fuente,
escuchándose doliente
el ronco aullido del can.

¡ Las dos !. Quizás esta hora
una virgen anhelante
cuenta, esperando al amante
que se tarda en acudir.

Tal vez en su calabozo
marca esa hora perdida
una menos de su vida
el reo que va a morir.

Tal vez algún asesino
las dos estaba esperando
con impaciencia, probando
la punta de su puñal.

Y ese reloj impasible,
con su vibración sonora,
anuncia la infausta hora
de la muerte al criminal.

¡ Las dos !. Quizás el sonido
funeral de esa campana
espera la cortesana
para una cita de amor.

Quizá será la postrera
que, antes de partir del mundo,
oye triste el moribundo
en su lecho de dolor.

Tal vez vuelan a esta hora
las brujas con algazara,
que Belcebú convocara
a un diabólico festín.

Y al pasar cerca del lecho
donde duerme un ángel puro,
lanzar horrible conjuro
con maldiciones sin fin.

Que es hora en que el temerario
con asombro se estremece,
y aterrado palidece
sin acertar el porqué.

En que las Wils misteriosas
que a los mortales encantan,
de la tierra se levantan
por un oculto poder.

Hora extraña que parece
de más tarda vibración
de más fantástico son
y otro diverso compás.

Mas que, a pesar de los sueños
con que la adorna la mente,
es completa, exactamente
lo mismo que las demás.

Volverán las oscuras golondrinas.

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán;
pero aquellas que el vuelo refrenaban,
tu hermosura y mi dicha al contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
ésas…¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aún más hermosas,
sus flores se abrirán;
pero aquellas cuajadas del rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer, como lágrimas del día
ésas…¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón, de su profundo sueño
tal vez despertará;
pero mundo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido…desengáñate,
¡así no te querrán!




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